[vc_row][vc_column css=».vc_custom_1532470056138{margin-bottom: 50px !important;padding-top: 15px !important;padding-right: 25px !important;padding-bottom: 15px !important;padding-left: 25px !important;background-color: #f7f7f7 !important;}»][vc_column_text]“No los llamo empleados, ellos son mis compañeros de trabajo”. Entrevistamos para nuestra nueva sección «Más Allá del Azar» a Héctor Orlando Rodríguez, exitoso empresario del sector.

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column][vc_column_text]Héctor Orlando Rodríguez nació con su suerte empresarial echada. A sus 8 años, su padre don Pedro Luis inició en el sector de los juegos de suerte y azar con la distribución de las loterías del estado, más tarde continuó con las apuestas hípicas, como concesionario del desaparecido hipódromo de los Andes, y también tuvo una temporada como concesionario de chance. Héctor Orlando siempre le colaboraba a su padre en los negocios, por lo cual su apuesta más natural fue dedicarse a los juegos de suerte y azar.

De su padre heredó la pasión por el sector, el trabajo duro y la responsabilidad. Luego de trabajar con él y ya por su cuenta en 1988 pasó a ser concesionario de chance de una empresa de Bogotá durante 5 años e inauguró la primera sala de bingo en Fusagasugá, según él, “sino es la más antigua, está entre las dos más antiguas de Cundinamarca”. Con ella dio inicio oficialmente a su carrera en el sector de juegos localizados, en el cual posee también salas de casino.

Su operación se encuentra mayormente en Fusagasugá, tierra en la que nació y siempre ha vivido, y por la que tiene un cariño especial que le es retribuido por sus coterráneos. Recientemente celebró sus 50 años “con todos los fierros”, con una gran reunión en donde solo faltó el gobernador (risas).

Tiene 2 hijos, Cristian Orlando (25) y Laura Camila (22), de quien dice, con una sonrisa orgullosa, “me hizo abuelo, tengo un nietecito de 3 meses”. Su hijo estudia Mercadeo y su hija Comunicación Social y Periodismo, el empresario espera que ellos sigan su ejemplo de vida y se decidan a trabajar en sus empresas. Tendrán su apoyo, aunque dice que nunca quisiera retirarse pero si trabajar cada vez un poco menos, “porque las personas que se retiran se mueren muy temprano” dice en medio de carcajadas. Tal vez esa visión del trabajo sea algo heredado: su padre sigue trabajando sin parar en el sector después de 42 años.

Cantó bingos, registró cartones, reemplazó al portero, sirvió tintos, recogió chance por las carreteras, hizo de todo porque el personal puede fallar -como en efecto pasó muchas veces- y hay que estar preparado. Desde los 17 años coordinaba a las vendedoras de chance y luego a las promotoras de la sala de bingo. Esta experiencia le permitió conocer mucho al personal femenino, “casi al punto de leerles el pensamiento”, dice entre risas. “Las muchachas me llamaban, o me buscaban en la oficina, porque en ese tiempo no había celulares, o iban a la casa, y me decían ‘Don Héctor Orlando, buenos días, ¿me permite hablar con usted?’. Entonces yo siempre bajaba y les abría la puerta y les decía ‘¿cuántos meses tiene?’, y ellas soltaban la carcajada y me preguntaban ‘¿y usted como supo?’ ‘Instinto masculino’, les decía” (risas).

Respecto a sus empleados, dice que lo que más disfruta de su trabajo es la relación con ellos, tanto que para él no son empleados sino familia. “Yo no los llamo empleados, son mis compañeros de trabajo”. Trata de compensar a sus colaboradores vinculándolos más en su propia vida familiar: invitándolos a su casa, a los cumpleaños de sus hijos y de sus padres, facilitándoles económicamente que accedan a cosas que necesiten para mejorar su nivel de vida. Quiere que las personas que trabajan con él lo recuerden como alguien muy humano que lideró con el ejemplo, como una persona sensible al sufrimiento ajeno y a todo aquello que no debería pasar.

Da gracias a Dios por todas las personas que ha conocido en su vida empresarial, de todas ellas, dice, ha aprendido un poco. Piensa que una de las grandes satisfacciones que le ha traído pertenecer a este gremio es la gran amistad que ha forjado con varios de sus colegas y personas afines a la industria, pero muy especialmente menciona a Don Mario Pinzón y a su hijo (empresarios de Bucaramanga), por quienes siente un gran aprecio y agradecimiento.

Al hablar del sector y sus retos, opina que a medida que pasa el tiempo las cosas se van poniendo más difíciles porque el Estado desconoce las particularidades de la actividad. Recuerda una entrevista que le hicieron al entonces presidente de la Federación Nacional de Cafeteros hace algunos años, en la cual exponía todos problemas de los cafeteros y concluía diciendo “definitivamente el gobierno no conoce nada del sector”. Para él, la frase fue demoledora: “si eso lo dice el presidente del gremio consentido del Estado, qué podemos esperar nosotros”. Por eso piensa que lo que vive el sector hoy es producto del desconocimiento del Estado acerca de los juegos de suerte y azar y que esta es la razón que ha llevado a la imposición de gravámenes difíciles de cumplir para muchos operadores, los cuales hoy en día están replanteando su continuidad en el negocio.

También considera que el sector debe reinventarse, sobre todo las salas exclusivamente de máquinas, ya que la nueva generación que él llama “Generación Play Station” no se conforma con las máquinas tradicionales sino que busca otras experiencias, por eso el éxito de los casinos online. Espera que Coljuegos les dé prioridad a los operadores de juegos de suerte y azar localizados en la reglamentación de esta modalidad y que los empresarios por su parte aprendan a conocer a los nuevos jugadores para saber cómo atraerlos a sus portales y de allí a sus salas físicas.

En el caso de su empresa, el esfuerzo inmediato está centrado en ajustarse al nuevo entorno legal en medio de tantos “filtros”, como él llama a las normas. “Coljuegos dice que la industria está creciendo porque pasamos en una época de 65 mil a más de 80 mil máquinas pero eso se debe a que el presidente de Coljuegos en su momento combatió la ilegalidad y cuando eso sucede muchas empresas ilegales se formalizan, por lo tanto parte de este crecimiento se debió a eso y no a que hayan ingresado al mercado nuevas empresas o que los operadores actuales crecieran”.

Luego de un silencio, comenta: “cada vez tenemos menos recursos para reinvertir en nuestros negocios debido al aumento de las tarifas en los derechos de explotación y las inversiones en los procesos, implementación y ajuste de la conexión en línea entre muchos otros costos que antes no teníamos… unido a eso, el aumento del precio del dólar ha encarecido los equipos que son la base de la operación y obviamente del crecimiento de estas empresas, la rentabilidad ha disminuido en los últimos años y esto amenaza la competitividad en general, y -repite- por ahora el esfuerzo se centra en ajustarse a las nuevas normas”.

Héctor Orlando es miembro de la Junta Directiva de Fecoljuegos, federación a la que pertenece hace muchos años y en la cual participa activamente. Hablando de la federación Dice que lamentablemente el empresariado en general quiere resultados inmediatos y percibe a la federación como un ente muy pausado. No dimensionan el trabajo que se hace a su interior, por eso procura promover entre sus colegas los avances y los logros, como lo es por ejemplo -entre muchas otras cosas- haber entrado a esferas del gobierno a las que antes no habían podido acceder como gremio. Con mucha convicción afirma que la federación marcha a paso firme: “ya iniciamos un camino sin regreso, que es el de seguir unidos y seguir luchando por conseguir todos los objetivos que nos hemos propuesto para el bien de todo el sector”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]